Punto de Encuentro PLATAFORMAS

Punto de Encuentro Plataformas

El lenguaje común suele utilizar imprecisiones que resultan inconvenientes a la hora de describir conceptos en los ámbitos que así lo requieren.

Se ha popularizado la denominación de «plataformas digitales» a las empresas que se dedican a la entrega de productos utilizando sistemas informáticos de asignación de tareas y control de las personas que realizan dichas entregas, a las que se les denomina como «trabajadores de plataformas digitales» o, más sintéticamente aún, «trabajadores de plataformas».

Estas denominaciones carecen de méritos suficientes para que puedan ser tomadas en ámbitos que, como el legislativo y el judicial, demandan precisión y calidad conceptual.

Las tecnologías que caracterizan a la denominada 4º Revolución Industrial, en particular la Inteligencia Artificial y la Robótica, modifican sustantivamente las relaciones entre trabajadores y empresarios.

El adecuado conocimiento de sus características específicas y la correcta percepción del impacto que puede tener la propagación de su utilización sobre los derechos de los trabajadores resultan de fundamental importancia para lograr la preservación de los principios de equidad y justicia en la relación entre  trabajadores y empresarios.

El funcionamiento de las Empresas de Plataforma (EP)

Las «Empresas de Plataforma» (EP) basan su organización en sistemas informáticos para la asignación de tareas y el control de los trabajadores que las realizan.

Esos sistemas informáticos utilizan procedimientos de Inteligencia Artificial que les permiten reconocer los eventos de la realidad, aprender de ellos y modificar automáticamente la asignación y control de tareas en función de los objetivos genéricos con los fueron creados sin intervención humana y aplicando sus propios criterios de optimización.

En otras palabras, el objetivo empresarial de maximizar ganancias a través de la explotación de los trabajadores, que tradicionalmente era asignado a los gerentes de «Personal» (o dicho con más propiedad de «Recursos Humanos»), en la EP se realizan inadvertidamente dentro del insondable ámbito  de la Inteligencia Artificial, plagado de códigos incomprensibles para los trabajadores y sus delegados, que ya no tienen una persona con la que negociar/pelear sus derechos, mientras que las decisiones sobre su vida y su trabajo se suceden acercando más y más la relación laboral al ideal empresario del costo cero.

Empresas de Plataforma (EP) pueden ser todas

Glovo y Uber son emergentes de una modalidad empresarial que tiene enorme posibilidades de extenderse al conjunto de las tareas de gestión, tanto en el ámbito privado como el público.

La mutación a esta modalidad operativa de las actuales formas de gestión de las organizaciones encuentran un aliado formidable en el teletrabajo. Aislados del resto de compañeros, vinculados tan sólo con el «superior» que les imparte las instrucciones, modifica las condiciones laborales y controla su trabajo, los teletrabajadores y teletrabajadoras reproducen las condiciones de los chicos y chicas en bicicleta que hoy se juegan la vida en la calle para ganar su sustento.

La probabilidad que ese «superior» sea un procedimiento de Inteligencia Artificial crece en la misma medida que se difunden las «ventajas económicas» de su utilización  en los sectores empresarios y en algunos funcionarios públicos.

Nuestra ley de contratos de trabajo

Los españoles hablan, en estos supuestos, de empresas en la «nube» y trabajadores en la «niebla». Es muy clara y maravillosa la definición que hacen. Nos ubica donde estamos parados, en cuanto a tiempo, modo y lugar en estas relaciones, que se dan entre alguien que provee o pone a disposición una «aplicación o plataforma», un software de la que es propietario y por el que obtiene ganancias y quien emplea esa plataforma, para poner su capacidad de trabajo a disposición de otro, que tiene la facultad de dirigirla, trabajador, en los términos del art. 25 LCT.

En tales condiciones, es indiscutible que estos sujetos dueños de dicho software, constituyen una verdadera «empresa» y son «empresarios en los términos de la LCT. Al respecto el art. 5  – A los fines de esta ley, se entiende como «Empresa» la organización instrumental de medios personales, materiales e «inmateriales», ordenados bajo una misma dirección para el logro de fines económicos o benéficos. A los mismos fines, se llama «empresario» a quien dirige la empresa por sí, o por medio de otras personas, y con el cual se relacionan jerárquicamente los trabajadores…»

Todas esas características aparecen en estas modalidades de trabajo, de manera que es imposible eludir la caracterización de «sujeto empresario de una relación laboral»  y no la de mero intermediario y «trabajadores en relación de dependencia y no la de colaboradores o trabajadores económicamente dependientes, como estas empresas suelen llamarlos, para restarles contenido laboral a estos tipos de relaciones».

Todos estos dispositivos legales ayudan a la precisión conceptual y terminológica para el correcto encuadre jurídico de estos trabajadores y las relaciones laborales que se generan.